domingo, 27 de marzo de 2016

LAS RABONAS TARMEÑAS, LAS HEROINAS DESCONOCIDAS.


LAS RABONAS DE TARMA, LAS HEROÍNAS DESCONOCIDAS.

(Homenaje a la Mujer Tarmeña y Peruana)

Dr. Moisès Tacuri Garcìa.

Cirujano del Hospital de Tarma

Docente de la Universidad Nacional Daniel Alcides Carrión.


“..La Rabona consoló, Enjugó las lágrimas, calmó la sed

 y cuidó de las heridas del soldado, interpuso su mano

 entre el infierno abatido y la bayoneta del enemigo

que lo repasaba. Imploró, lloró y oró, amargamente,

 ante el cadáver del ser que era todo su mundo.

Lo ayudó a “bien morir”, le cerró los ojos, lo enterró,

tomó sus armas y continuó, con bravura, la defensa

de su patria; patria que es de todos y que ella contribuyó

 a modelar. ¿Merece o no nuestro recuerdo y homenaje?...”



Jorge Basadre Grohmann (2).



“Rabona”, es un nombre que en definitiva suena despectivo, pero era el nombre que allà en los años de 1879 nominaba a las mujeres que eran las acompañantes, pero que ademàs atendían a los soldados heridos o no, en la infausta Guerra del Pacìfico, Guerra que enfrentó a nuestro país con los vecinos del Sur : Chile.

Ser “Rabona” equivalía a ser el “rabo”o “cola”, la que tenian que llevar detrás, la soldadesca Peruana, por que siempre caminaban usualmente detràs del soldado sea este oficial o parte de la tropa. Según flora Tristán muchas veces también marchaban en la avanzada o adelante para preparar el terreno donde se iba a acampar y preparar las vituallas de los soldados. También se consideran a las rabonas como descendientes de las “Pani Kunas” palabra quechua que significa “Familia”.

A nivel del Ejèrcito se les puso otro nombre : “Cantineras”, por que llevaban unos jarrones o cántaros de arcilla conteniendo agua o licor llamados “Cantinas”, pero sin embargo su importante rol , hasta ahora no ha merecido ningún reconocimiento oficial como debiera ser, ni mucho menos un monumento o el nombre de una calle a esa mujer desconocida que tuvo un papel tan importante en esos días aciagos de la Guerra del Guano y del Salitre con los vecinos del sur: Chile.

Las “Rabonas” eran voluntarias, muchas de ellas lo hacían para servir a la patria, y otras por amor a sus parejas, por lo que sin dudarlo se enrolaban al ejército al lado de sus amados, dispuestas a morir por el Perù junto a los seres que tanto querìan, las rabonas cocinaban, lavaban los uniformes, atendían a los soldados heridos oficiando de enfermeras, e iban al mismo frente de batalla y muchas veces suplicaban a los enemigos, que no acaben con la vida de su pareja herida, muchas de ellas (se asume ello por que no tenían donde dejar a sus hijos pequeños), llevaban a las espaldas a sus bebès, por increíble y duro que ello suene.
Las “Rabonas” o “Cantineras peruanas, aprendìan su enfermerìa elemental como vendajes, hemostasia básica, etc.  durante los cruentos enfrentamientos en el mismo campo de batalla,  no recibìan un sueldo sinò màs bien una propina, su uniforme era su propia ropa típica de uso civil y todo lo hacían por amor a la patria y a su ser amado al cual lo atendían con un profundo cariño y devoción, por esta razón a las “Rabonas” en un tono burlesco, los soldados “Solos”, también las llamaban “Las amorosas” .
La Rabona Peruana típica de la Guerra del Pacífico, al lado de su pareja apoyándolo
en las buenas y en las malas y muriendo las más de las veces a su lado

El nombre de “Cantinera” (o “Rabona” para el caso peruano) también lo utilizaba el Ejèrcito Chileno, en cuyo caso todas ellas tenìan capacitación previa de Enfermerìa elemental, atendían a sus heridos con mayor técnica, llevaban una suerte de neceser o morral donde llevaban medicamentos, pero sobre todo eran parte oficial del Ejèrcito Chileno y hasta recibìan un pago decoroso por esa función así como un lucido uniforme. y un rifle por si fuera necesario.
La "Cantinera Chilena", llevando su Cantina donde cargaba agua y su morral
inseparable donde portaba los elementos básicos de atención al herido.

La presencia de las “Rabonas”, no solo fue durante la Guerra del Pacífico, sino durante todo el siglo XIX, durante las Batallas por la Emancipación, nuestro ejército tuvo un componente femenino, que acaso por el machismo imperante nunca se las reconoció oficialmente como tales. Mencionan que en los cuarteles existía un patio para Las “Rabonas”, donde cocinaban se hospedaban y lavaban la ropa de su compañero : El Soldado peruano. En campaña seguían a las columnas de soldados transportando algún apoyo logístico y proporcionando apoyo moral y espíritual individualizado. El soldado, en su soledad se sentía acompañado. La mujer se sentía segura, La patria recibía el servicio de los dos por una sola paga y a veces sin paga. No había desertores, porque la razón de la deserción estaba cerca a los soldados. Todo confirma que : “La soledad es muy hermosa cuando se tiene junto a alguien a quién decírselo”. El soldado estaba junto a su mujer : La Rabona, y esta permanecía cerca de su amor : El soldado peruano..(1).



La Rabona y el Rabonazgo (Su actitud), son hechos sociales históricos que corresponden al folklore nacional (me atrevo a decir que algo de ello persiste cuando vemos pasar de la montaña o de la sierra a Lima, a los choferes de camiones pesados al lado de sus parejas). Nuestra independencia se hizo con montoneros (Guerrilleros), los cuales eran gente humilde, indios y Cholos (Según refiere Germán Parra). Ellos integraban el grupo de montoneros con su familia (no solo la mujer sinó muchas veces con sus vástagos), la mujer los seguía a todas partes y servía a su marido.


La Guerra del pacífico nos cogió con esta característica social, cuando se practicaba la “Leva” o incorporación al ejército de los ciudadanos de las calles, el recluta pasaba a las unidades, informalmente, con su mujer. Hombre y mujer eran una unidad inseparable en donde estuvieran y el ejército era un lugar más.

Durante las campañas terrestres filas de mujeres seguían a los soldados del Ejército Peruano, lo que originaría su apelativo peyorativo de “Rabona”, sin embargo aparte de ser su soporte del soldado, cuando no había combate era el primer auxilio médico cuando estos caían heridos, constituyéndose en todo un servicio médico empírico, pues ellas estuvieron en el mismo frente de Batalla y al alcance de sus soldados, toda vez que la poca asistencia médica del soldado peruano fue la constante en la mayor parte de las Batallas libradas contra el ejército chileno. Ellas proporcionaban apoyo logístico tolerado, eficaz e individualizado. Apoyo destinado a cada “Cholo” o “Indio” de nuestro ejército. Cuando el soldado caía, el auxilio inmediato venía de la Rabona.

El gran historiador peruano Jorge Basadre cita y ensalza a las Rabonas peruanas como sigue :  “…Así como del coloniaje nos acordamos demasiado de las calesas y nos olvidamos de los obrajes, así también en la República el recuerdo es para las tapadas con olvido de las Rabonas. La tapada anda por los portales ruidosos, de corrillos y pregones; por las iglesias, por el puente , por la alameda, con el encanto del misterio. La Rabona también es andariega, pero son leguas y leguas las que recorre, por cerros, arenales y quebradas, La Tapada es una Flor, La Rabona es leal a su hombre  y a su Batallón, perro por la sumisión, llama por lo útil, tigre por el valor, salvaje y fea por lo dolorosa…”(2).


Cuando se desataba el terrorífico caos de las Batallas y luego de ella el dantesco espectáculo de los cadáveres y de los miles de heridos clamando por ayuda, nadie los atendía, las ambulancias así como el personal médico, brillaban por su ausencia, allí entraban a  tallar en medio de lágrimas de desconsuelo, las Rabonas peruanas, ya sea para curar las heridas, ya sea para calmar el dolor de los moribundos o en la macabra escena de enterrar en las fosas comunes a los muertos, en las grandes Batallas como la de Tacna o Alto de la Alianza, el desastre superó a la voluntad y las posibilidades de estas mujeres, muchos de los cadáveres quedaron en la superficie y el viento, la arena y los animales carroñeros hicieron su triste parte.


La rabona no era una visitadora o mujer para la diversión solaz y fugaz de los soldados, la rabona era una mujer honrada, patriota y enamorada de su hombre y este amor constituía su único mundo, se las nominaba oficialmente y por escrito a su soldado.

¡Cuan útil fue y cuan sacrificada !, ¡Cuan olvidada hasta hoy!, ¡Cuánto servicio a la patria y cuanta ingratitud!!(1).

Existe un cuadro del pintor Ramón Muñiz titulado “El Repase”, donde se puede apreciar a una rabona peruana con su hijo pequeño, acaso muerto, en el suelo, suplicando al lado de su pareja herida que un soldado del ejército chileno no lo mate, cuadro que habla por si sola de toda la crueldad de la Guerra, cuando sus jefes ordenaban a los efectivos del Ejército Chileno que no quede ni un soldado peruano con vida. En este cuadro como refiere Manuel Zanutelli Rosas en el libro del Ejército Peruano: “DE LOS REDUCTOS A JULCAMARCA (16 Ene.1881-22 Feb.1882)”, se inmortalizó a la modesta mujer del pueblo que con el nombre de “rabona”,  seguía al soldado peruano en las batallas o lo acompañada en toda la campaña en su vivir cotidiano.
"El Repase", óleo del oprobio de Ramón Muñiz que grabó para la posteridad
y que retrata la impiadosa escena de aniquilar al soldado herido y vencido.


Cada Batallón tenía cantineras como son nombradas en la filas de revista que se conservan en el Archivo Histórico Militar, aunque el término “Rabona” era el más difundido.

En el periódico “El Nacional” del 09 de octubre de 1876 se dice (3): “Las Rabonas del Batallón Ayacucho en número como de doscientos fueron hoy al palacio de Gobierno, pidiendo se les remitiera al lugar donde se encuentran sus esposos. Las “Amorosas” como también se las llama, renuncian al diario pago que se les da, a fin de cubrir con él, los gastos que ocasione su viaje”…
Como se puede apreciar eran un número considerable por Batallón, y la mayoría pasaba a ser unidad con sus Parejas o esposos, además pone de manifiesto que recibían del Estado una modesta suma de dinero que quizá era para la preparación de su alimentación; lo que oficializaba su condición de mancebas (3).

Refiere Eduardo Mendoza Melendez, mayor E.P. miembro de la Comisión permanente de Historia del Ejército, Historiador Concepcionino de mucha autoridad (4) : “…En todos los acontecimientos, al lado del héroe, del caudillo, del hombre que lucha por la libertad, está la presencia de la mujer, unas veces como activista, otras como luchadora pertinaz; como sembradora de los ideales patrióticos en los corazones y en las mentes de los seres que le rodean, y otras veces dulcificando las tristezas de las derrotas y las heridas, dejadas por el vencedor, con palabras de aliento…”

También refiere Melendez: “…La rabona aparece en la misma formación de los ejércitos improvisados pare enfrentar la agresión. Su origen histórico conocido se encuentra muy posiblemente en los momentos iniciales de la Emancipación, cuando el ejército le arrebata de su lado a su hombre. A comienzos de la contienda, los ejércitos se organizaban a base de masas indígenas reclutadas a la fuerza. En aquellas épocas aparecen consentidamente las mujeres acompañando a sus maridos en el servicio militar, era una buena forma de atraer al indio y conservarlo en filas, los caudillos consideraban esta costumbre durante sus correrías. Entre ellas surgieron numerosas heroínas…”
La Rabona, en la pintura peruana

Refieren diversos autores que no solo acompañaron a los soldados peruanos las esposas o parejas sino también las madres, hermanas e hijas de los mismos, y no solo cuidaban en los campamentos la preparación de la comida, el lavado de la ropa del soldado, sino que muchas veces recorrían los campos de batalla para localizarlo entre los heridos para curarlo, entre los muertos para enterrarlo, a veces entre los fuegos de la batalla y las más de las veces para coger el fusil del soldado caído y morir peleando fieramente por su patria al lado de sus menores hijos que los cargaban en las espaldas.
El Estado raras veces les acordó apoyo; las ignoró y ni siquiera las mencionaban en los partes oficiales de las marchas y batallas ( A pesar de que murieron varios cientos de ellas).

El Señor Francisco Mostajo publicó en las Crónicas de Lima un artículo titulado “La Rabona, Heroína Nacional” (4), allí refiere : “…La Rabona fue un tipo popular y soldadesco, al par que histórico, de mujer indígena que tiene su rincón en la vida de la nacionalidad, pero que ha sido olvidada por humilde…marchaba formando enjambre con sus compañeras de condición y suerte, lado a lado con el grupo de indios; ellas al llegar a la ciudad vestían el uniforme al soldado, pero ellas no variaban su vestimenta peculiar de vasta tela, tejida en el mismo Ayllu, incluso la lliclla y los sombreros típicos de la zona de donde procedían, a pie cruzaba los caminos, con planta ligera, ágil cuerpo, hilando casi siempre con la “Puchca” clásica y el “Quipe” de trabajos domesticos a la espalda donde también cargaba a sus bebés o guaguas los que iban asomando con su Chullito.
Ya en el cuartel la Rabonas armaban sus “VIVAC” o chozas a la usanza del campo, con todo lo que poseían del lugar, con la pobreza propia de la escasez de todo, allí habitaban, allí cocinaban, ahí todo. Incluso cuando los reclutas se emborrachaban hasta caer rendidos de ebriedad, la Rabonas cual ángeles guardianes se sentaban al costado para velar su sueño, incluso cuando su soldado la maltrataba no dejaba que alguien interviniese para calmar los ímpetus agresivos de su pareja y decía “Ustedes que se meten él es mi marido, para que me pegue, aunque me mate, para eso es mi marido…”. Tal era la sumisión y amor de estas heroínas, que no solo soportaban las inclemencias de la pobreza, del cansancio y al enemigo, sino también, a veces, al maltrato de su pareja a la que fue sometida.
Vivac o Choza
Sin embargo al toque de corneta para salir o ir a batalla, todas ellas se movilizaban y desmontaban sus “Vivac” de forma presurosa y caminaban cientos de kilómetros, estoicamente, cargando los pertrechos de su pareja o familiar soportando la dureza del camino, las inclemencias del tiempo y todas las adversidades que solo el amor, su fidelidad  y la lealtad, la empujaba a  mantenerse en pie, fuerte y serena.
Era frecuente los alumbramientos en plena marcha o campaña, al dar a luz eran asistidas por sus similares, curiosas o comadronas con toda la precariedad sanitaria obvia de estos tiempos tan duros para nuestra patria.
Abnegada mujer, la Rabona, sublime si se contempla el fondo de su actitud, sin darse cuenta acaso, servía valerosamente a la patria. La Guerra con Chile fue el último cuadro de su grandiosidad. ¡De cuantas escenas sería ella la heroína anónima, como mujer de soldado desconocido! Paralelo a este debía de erigirse un monumento para que esté completo el símbolo de la contribución de Sangre de los autóctonos peruanos a la Nacionalidad. “A la humilde india de nuestro ejército le basta su humildad y su abnegación para ser ensalzada con la voz de la historia, la página de una novela o el canto de la poesía” (4).
El soldado Manuel Parra, al lado de su pareja, la cual oficiaría
también de "Rabona". (Foto Cortesía Jonathan Saona)
Entre las Rabonas más conocidas figuran la “Rabona Dolores”, quién al lado de su esposo un Sargento del “Batallón Lima” pelea fieramente contra los enemigos del sur, en la Batalla de San Francisco (Que también se la llamó Batalla de Dolores en honor a esta valiente mujer) un 19 de Noviembre de 1879, el Sargento cae ultimado por balas Chilenas en circunstancias que arengaba a su Batallón y la Rabona Dolores coge su arma de las manos de su esposo y con rabia inaudita empieza a arengar a los soldados del “Lima” a seguir combatiendo oyéndose entre al fragor de la Batalla : “ ¡¡¡Cobardes, suban pronto como yo a vengar al Sargento ¡!!, ella es la primera en llegar al frente a los parapetos enemigos, los peruanos van cayendo progresivamente, cuando ya es inevitable la retirada, los sobreviviente la llevan casi a rastras a buen recaudo, en el retorno encuentra el cuerpo sin vida de su esposo al cual con profundo pesar lo abraza y llora desconsoladamente, llega la noche del 19 de Noviembre y en la madrugada hace la penosa caminata a Tarapacá con todos los sobrevivientes del Ejército Peruano, donde se llevaría a cabo uno de los más importantes triunfos de la infantería peruana un 27 de Noviembre de 1879 en la Batalla de Tarapacá, lugar donde confluyen nuestros héroes, Andrés Avelino Cáceres quién pierde a su hermano Juan, Alfonso Ugarte el cual es herido, el Coronel Francisco Bolognesi el cual con fiebre y enfermo pelea denodadamente, igualmente Dolores combate codo a codo con nuestros valerosos compatriotas, siendo herida en al brazo, quedando este inutilizado y sangrante. Posteriormente el ejército peruano marcha hacia Arica a través del desierto y del sol inclemente, lo que merma la salud de Dolores, muriendo en esta penosa travesía , su cuerpo inerte, el sol quemante y las arenas que poco a poco va cubriendo su cuerpo, son los mudos testigos del sacrificio de esta gran mujer y patriota peruana…
La "Rabona" Dolores, gran patriota peruana que peleó ardorosamente
en Tarapacá y San Francisco, muriendo penosamente al retornar a Arica
sus restos quedaron en el desierto, calcinado por el sol y cubierto por el arenal.
Igualmente abnegada y patriota fue Leonor Ordoñez Surichaqui, Jaujina, esposa del Sargento Felipe Vilcahuamán del Batallón concepción N°27, peleó fieramente al lado de este en la Batallas de San Juan y de Miraflores un 13 y 15 de enero de 1881, en la Defensa de Lima, José torres Lara (4), como sobreviviente de estas batallas dice textualmente : “…Durante la batalla, las rabonas repartían agua a los reductos y, llegado el momento del ataque, ayudaban a dotar de municiones a los defensores de la ciudad…”, en este grupo de heroínas se encontraba Leonor Ordóñez, peleando en el Reducto N°2. Ya volviendo al Valle del Mantaro, ante la proximidad del ejército Chileno, se transforma en una gran activista de la resistencia peruana y convence a sus paisanos a unirse por la defensa del Perú, conforma una Guerrilla de 35 hombres y 5 mujeres de la que fue su caudilla. Llegados los Chilenos a Huaripampa, ella decide intervenir con su guerrilla, cuyas armas eran rudimentarias, hondas, rejones y piedras, va al escenario de Batalla con una bandera en su mano y con un rejón en la otra, se enfrentó a los Chilenos en un lugar llamado Atoshpampa, perdiendo la vida heroicamente al lado de su bandera bicolor, Gloria Eterna a esta gran peruana!!!.
Leonor Ordoñez, Rabona Jaujina que luego del deceso de su esposo, conforma Guerrillas
de la cual fue su caudilla, se inmola en Atoshpampa, peleando contra el enemigo invasor
en inferioridad de condiciones, pero con gran superioridad de patriotismo y amor al Perú.
Uno de los pocos monumentos dedicados a una Rabona y patriota
como lo fue una de las Mártires de la Guerra del Pacífico
La Jaujina " Leonor Ordoñez"
De considerable valor histórico son Rosa Pérez, Valentina Melgar y Joaquina Avila de Lindo, Valientes huancaínas (oriundas de Sicaya) que se inmolaron en el Combate de Carato en Chupaca un 19 de Abril de 1882, Mujeres guerreras que dieron su vida en este desigual combate peleando como leonas y en inferioridad de condiciones defendiendo al Perú.
Mención aparte merece Antonia Moreno de Cáceres, denominada “La primera Rabona del Perú”, Iqueña,  esposa del Gran y Valiente Militar Peruano Andrés Avelino Cáceres, héroe de nuestra resistencia y que enarboló la Dignidad Nacional, cuya madre de este último tenía su vivienda en nuestra ciudad de Tarma (en lo que ahora es nuestra subprefectura y Comisaría de Tarma) Llamada Justa Dorregaray , la que también tenía chacras en Huasahuasi.
Antonia Moreno de Cáceres, Esposa del Mariscal Andrés Avelino Cáceres
Ejemplo de mujer y esposa llamada también "La Primera Rabona del Perú"

Antonia Moreno acompañó a Andrés Avelino en la campaña de la Breña, curó las heridas de su heroico esposo, cuando este fue herido en la Batalla de Miraflores, llevando penosamente a sus menores hijos en las diferentes ciudades por donde Andrés Avelino Cáceres marchaba junto a su tropa de valientes y patriotas peruanos, incluso se encontraba embarazada cuando arriba a Tarma, alumbrando un Hijo que nació muerto y fue el único hijo Varón que tuvo nuestro Mariscal. Antonia Moreno al igual que todas las rabonas atendía y sufría al lado de su esposo de todas las inclemencias y atrocidades de la Guerra.  Dice la misma Antonia en sus célebres memorias referente a este triste episodio, al llegar a nuestra ciudad donde su esposo tenía su Cuartel General : “…Al llegar a Tarma, nos salió al encuentro Cáceres con una comitiva, entre las que se encontraban todos los recién llegados de la capital, que habían ido entusiastas para afiliarse al ejército del Centro. Yo había prevenido que me tuviesen lista la prefectura para alojarme allí, por ser cómoda y bastante decente. Entonces vino al mundo un hermoso niño, muerto casi al nacer, cuyo alumbramiento me hizo sufrir cruelmente, poniendo en peligro mi vida, pues tantas angustias durante la campaña, tantos trotes a caballo por cordilleras y cerros escarpados, tantas y tan fuertes impresiones cuando mi marido entraba a combatir, habían debilitado mi organismo, dando lugar a que el terrible lance se presentase en condiciones desastrosas. Ya se desesperaba de salvarme la vida, cuando la Providencia se apiadó de mí, aunque dejándome el tremendo dolor de la pérdida de mi único hijito varón. El niño era parecido a Cáceres. Como él, era blanco, de ojos claros y de tipo fino. Cuando Cáceres vio nuestra desgracia, honda tristeza lo conmovió, su corazón de padre cariñoso se reflejó en la expresión de su semblante…”(5).
Antonia Moreno y sus pequeñas hijas las cuales cargaron a sus tiernas espaldas
el horror de la guerra.

Tal fue la crueldad de la Guerra, tantas vidas perdidas, tanta desgracia, tanta desolación, infinidad de llantos desconsolados, todo eso trajo esta aciaga Guerra, sin embargo allí estuvo la mujer, levantando al herido, enterrando al difunto, consolando al desolado, alimentando a la tropa hambrienta y peleando con la fuerza de un hombre ante los invasores del sur.

Tarma y la mujer Tarmeña, no fue la excepción ante el llamado de la patria, cuando el presidente De Facto Nicolás de Piérola hizo un llamamiento a nivel Nacional para que los varones se enrolasen al ejército, para defender la caída de la capital Lima,  muchos varones lo hicieron de corazón y convencidos de dar su vida a la Patria, pero también (esto se tiene que referir), varios cobardes huyeron a las alturas con el objeto de no ir a la Guerra, sin embargo las mujeres tarmeñas y peruanas dieron un gran ejemplo y tal como dice el Historiador Tarmeño Alejandro palomino, en su libro “LA PARTICIPACIÓN DE LOS TARMEÑOS EN LA GUERRA CON CHILE”: “…Ernesto A. Rivas en sus EPISODIOS NACIONALES DE LA GUERRA DEL PACIFICO, refiriéndose a la acción de la mujer peruana, expresaba lo siguiente: “Las madres acallando el sentimiento de sincero cariño para sus hijos y ocultándoles las lágrimas, los exhortaban al cumplimiento patriótico de su deber con palabras llenas de aliento; las esposas se desprendían alocadas de dolor de sus compañeros, dejándolos marchar a los campos de Batalla;  los amantes jurándose amor eterno, postergaban la realización de sus sueños de dicha para cuando la patria no necesitase de su esfuerzo bélico de los buenos”. Al mismo tiempo nos relata interesantes anécdotas recogidas en Tarma , en las que se pone de manifiesto la altivez y gallardía de la madre de uno de los valientes soldados que defendió nuestra soberanía, doña Justa Dorregaray y Cuevas madre del General Andrés Avelino Cáceres, quién residía en la bella ciudad de Tarma durante la Guerra con Chile. (6).
La ciudad de Tarma a comienzos del siglo pasado, donde radicaba 
la Dama Justa Dorregaray, Madre de Cáceres (Fotografía de la Colección
de la Comisión permanente de la Historia del Ejército.
La mujer Tarmeña participó en su gran parte como “Rabona”, en la Guerra del pacífico, muchas de ellas ignoradas por la historia, muchas de ellas desconocidas por sus propios paisanos, sin embargo es propicia la ocasión para recordarlas y honrarlas como ellas verdaderamente se merecen.
A lo largo del artículo se mencionó su participación, pero es justo y necesario referir que ellas figuran objetivamente enroladas en la lista oficial del Ejército. Al ingresar al Ejército y al hacer tal procedimiento se las refería como : “Nombre de la Cantinera”, seguida de “Soldado a quien pertenece” , es decir a cada una de ellas se les asignaba un soldado para atender y era natural que sea su pareja, esposa o familiar del soldado. Hay un documento escrito a pluma y tinta donde se aprecia a un grupo de integrantes de nuestro Batallón Tarma N° 7, conjuntamente con sus Rabonas que obra en el Archivo Histórico Militar del Perú (8). Este documento es muy valioso, pues está firmado por el Sargento mayor Néstor Bermúdez y refrendado por el Coronel Francisco Mendizabal, nada menos que el jefe del batallón Tarma N°7. Fechada en el Callao en diciembre de 1880 en la víspera de las Batallas de San Juan y Miraflores. A continuación transcribo parte de este listado de tanta significancia para nosotros como Tarmeños, que demuestra fehacientemente el rol de la mujer Tarmeña en la Guerra del Pacífico (Copia textual).

BATALLÓN TARMA N°7

Nombre de las Cantineras que existen en el  espresado


                     Soldado a quienes pertenecen
Nombre de las Cantineras
Clases
Nombres
Compañía
Rosa Castro
Soldado
Antonio paredes
1ra
Andrea Sarmiento
Soldado
José Román
       1ra
Concepción Pacheco
Sargto 2°
Rufino Gomes
       1ra
Manuela Galarza
Sargto 1°
Enrique Maldonado
       1ra
Lucía Duran
Sargto 2°
Manuel murillo
       1ra
Micaela Herrera
Soldado
Celso Peres
       1ra
Catalina Almonacín
Soldado
Néstor Mercado
       1ra
Carmela Montalvo
Soldado
Manuel Villa
       1ra
Valentina Jara
Soldado
José villanueva
       1ra
Damiana Gomes
Soldado
Cecilio Morales
       1ra
Francisca Ramos
Cabo 2°
Espíritu Muñoz
       1ra
María Medina
Cabo 2°
Asencio Egoabil
       1ra
Francisca amaro
Soldado
Jonás navarro
       1ra
Joaquina Tarazona
Soldado
Santos Cahuana
       1ra
Lucía Sanches
Soldado
Florentino Leyva
       1ra
Juana Córdova
Soldado
Santiago vivanco
       2da
Estefania Velasquez
Soldado
Luis lino
       2da
María Ana Balverde
Cabo 1ro
Isidro Amaro
       2da
Micaela Alarcón
Soldado
Protacio Arrieta
       da
Juana Vera
Cabo 1ro
Felipe vivanco
      2da
Narsisa Egoabil
Soldado
Francisco Miguel
      2da
Dionisia Sanchez
Sargto 2°
Saturnino Razuri
      2da
Francisca Alarcón
Soldado
Dionisio Leyva
      2da
Camila Sanches
Soldado
Gabriel Amaro
      2da
Alejandra Blancas
Cabo 1°
Miguel Gonzales
      3ra
Patrocinia Valdes
Soldado
Angel Poma
      3ra
Matilde Pando
Soldado
Manuel Torres
      3ra
Bartola Capcha
Cabo 2°
Pablo amaro
      3ra
Leona Samaniego
Soldado
Casimiro Ñaupari
      3ra
Gregoria Vilches
Sargto 1°
José Romero
      3ra
Maria Rojas
Soldado
Benito pantoja
      3ra
Manuela Camargo
Soldado
Bentura Cayetano
      3ra
Rosa Conde
Soldado
Hilario Medina
     4ta
Emilia Rojas
Cabo 1°
Francisco Fernandes
     4ta
Eucebia Bueno
Sargto 2°
José Solórzano
     4ta
Antonia Vargas
Soldado
Esteban Vargas
     4ta
Eucebia Bravo
Soldado
Segundo Ramires
     4ta
Manuela Castro
Sargto 2°
Andrés Rojas
     5ta
Manuela Pacahuala
Sargto 2°
Mariano Viscarra
     5ta
María Puente
Soldado
Damaso Davalos
     5ta
Lorena Bustamante
Cabo 2°
Miguel Vargas
     5ta
Isabel Quispe
Soldado
Julián Gutierres
     5ta
Victoria Zevallos
Soldado
Florentino barrios
     5ta
Francisca Rosas
Sargto 2°
Ignacio Vivar
     5ta
Jesus Villavicencio
Sargto 2°
Manuel Chavez
     5ta
Rosa Soria
Soldado
Eucebio Vega
     5ta
Natividad Gomez
Soldado
León ojeda
   6ta
Cipriana Lopez
Soldado
Juan Rosales
   6ta
María Rojas
Soldado
Miguel Mesa
   6ta
Candelaria Silverio
Cabo 1°
Doroteo Porras
   6ta
Leocadia Goyas
Sargto 2°
Francisco Salirosas
   6ta
Escolástica Adrián
Soldado
Mariano Barra
   6ta
Rosario Caro
Sargto 2°
Cecilio huertas
   6ta
Natibidad Rivera
Soldado
Julián Chigua
   6ta
Nolberta Rosales
Soldado
Felipe Fabian
   6ta
Vicenta Mandujano
Soldado
José Tasa
   6ta
Juana sovero
Músico
Felipe Morales
   B.M.
Juna Yapias
Músico
Domingo Villanueva
   B.M.
Juana Romero
Músico
Protacio Mayo
   B.M.
Feliciana Lopez
Músico
Guillermo Salazar
   B.M.
Antonia soto
Músico
Bartolomé Yauri
   B.M.
Nicolasa García
Músico
Santiago Sinchi
   B.M.
Elena Francia
Músico
Manuel Arellano
   B.M.
Anselma Rosas
Músico
Feliciano de la Cruz
   B.M.
Ciriaca Cárdenas
Músico
Juan poma
    B.M.
Petronila Galvez
Músico
Agustín Quispe
    B.M.
Manuela Balverde
Músico
León Baldoceda
    B.M.
Avelina Augusti
Músico
León Cueva
    B.M.
Petronila Rojas
Músico
Manuel Lavado
    B.M.
Petronila López
Músico
Manuel Machuca
    B.M.
Dionisia Quispe
Músico
Manuel Lopez
    B.M.
Eliana Caro
Sargto 1°
Buenaventura Lopez
    B.M.



Callao, Diciembre de 1880                                                                              

Firma : N. A. Bermúdez

Visto Bueno : Francisco Mendizabal  
Imágenes de los Archivos Históricos Militares del Perú 
(Documentos muy valiosos para los Tarmeños) 
                                                       

Como se puede apreciar, amable lector, no todas las rabonas eran de procedencia indígena y humilde, muchas de ellas provenían de familias respetables de Tarma, lo que nos hace inferir que todas las clases sociales, todas las razas, tuvieron una patriótica participación, y es factible suponer que casi hubo un ejército paralelo que un buen número de textos no han considerado : Las Rabonas de Tarma y del Perú.

Antes de culminar este artículo que rinde un homenaje a nuestra mujer Tarmeña y Peruana, valiente y patriota quiero referir a dos mujeres que ensalzan desde sus profesiones a la Mujer de la Guerra del pacífico, Ella Dunbar Temple y Delfina Paredes, la primera es Historiadora y resume en sus sabias palabras lo que fueron en si las Rabonas y las mujeres Peruanas de la Guerra del Pacífico : “… En particular en la Resistencia de la Breña, la mujer peruana no solo fue la compañera de fatiga y andanzas de los combatientes, aliento, estímulo y fuentes de energía de jefes y soldados, sinó que luchó, rifle o rejón en mano y murió casi siempre en forma oscura y anónima, a la vuelta de un risco, en lo alto de un peñón, en el vado de un río. Esas mujeres vivieron en todos sus alcances, el peligrosísimo y duro lapso de esa campaña cuya inseguridad corrió a la par de su grandeza. Fueron así actoras de los sucesos bélicos y fenecieron sus días aún con mayor silencio en su contorno, porque resulta difícil rescatar todos sus nombres que nos regatean las fuentes, al igual que sus concretas peripecias personales…”.(7).

La segunda mujer contemporánea es Delfina Paredes, nuestra gran actriz Nacional, que en una prodigiosa actitud actoral hace un monólogo de una rabona llamada Evangelina, en esa bella obra “EVANGELINA RETORNA DE LA BREÑA”, cuyo segundo acto lo situa en Tarma, desde el cuartel General de Cáceres, pieza teatral que a todo buen peruano consterna y le arranca las lágrimas, por la forma como narra acontecimientos históricos tan dolorosos para nuestra patria y sobre todo esa genial capacidad de meterse en la piel de una rabona y sentir lo que dice y hacernos sentir como espectadores esos amargos sucesos y su vida errante de Rabona peruana, fiel y leal a su esposo, pero sobre todo fiel y leal a su bandera y al Perú que la vió nacer.
Buen Monólogo, que todo buen peruano no debería dejar de ver
"EVANGELINA RETORNA DE LA BREÑA".

Por todo esto y muchísimas cosas dignas de encomio, a la mujer Tarmeña de la Guerra del Pacífico valerosa y luchadora, así como a la mujer Peruana valiente y tenaz, les debemos toda nuestra gratitud, aprecio, admiración y un reconocimiento eterno.

¡¡¡ VIVA LA MUJER TARMEÑA Y PATRIOTA!!!

¡¡¡ VIVAN LA MUJERES PERUANAS QUE SE INMOLARON POR NUESTRA PATRIA !!!

¡¡¡ VIVA EL PERÚ!!!





BIBLIOGRAFIA



1)      Parra Herrera, Germán :  LA GESTA DE LIMA , LA RABONA: MUJER SOLDADO”, Comisión permanente de Historia del Ejército del Perú”, Imprenta del Ministerio de Guerra, primera Edición 13 de Enero de 1998. Lima – Perú.

2)      Basadre Grohmann, Jorge : Historia de la República del Perú (1822-1933), Editorial Amauta impresiones Comerciales S.A.C., Producciones Cantabria S.A.C., Abril 2015.

3)      Zanutelli Rosas, Manuel : “Las Rabonas”, Comisión Permanente de Historia del Ejércio del Perú. “DE LOS REDUCTOS A JULCMARCA 16 Ene. 1881 – 22 Feb. 1882. Imprenta del Ministerio de Guerra del Perú, Primera Edición, 9 de diciembre de 1981.

4)      Mendoza Melendez, Eduardo : “La Campaña de la Breña”, Tomo I, Imprenta Fernando Aliaga, Tercera Edición 1993, Lima-perú.

5)      Moreno de Cáceres, Antonia : “RECUERDOS DE LA CAMPAÑA DE LA BREÑA (1881-1883)”, Imprenta de la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica, Primera Edición, Abril 2012.

6)      Palomino Vega, Alejandro : LA PARTICIPACION DE LOS TARMEÑOS EN LA GUERRA CON CHILE; Imprenta DENIS MORZAN, Lima-perú, Noviembre del 2006.

7)      Dunbar Temple, Ella : Comisión permanente de Historia del Ejército del Perú, “Reflexiones sobre la Resistencia de la Breña”, pags. 38-44, Imprenta del Ministerio de Guerra. Lima, Perú. Primera edición, Noviembre 1982.

8)      Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú : Serie Biográfica, Tomo I “LOS HEROES DE LA BREÑA”, Imprenta del Ministerio de Guerra, primera Edición, julio de 1982, Lima – Perú.





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